Del sindicalismo revolucionario al anarcosindicalismo: constitución y desarrollo de la FAI

Cartel de Carles Fontseré editado durante la Guerra Civil.

En el II Congreso de la Confederación Nacional del Trabajo (en dalente, CNT), celebrado en Madrid entre el 10 y el 18 de diciembre de 1919, fue proclamado el establecimiento del comunismo libertario como el objetivo último del sindicato a partir de una firmada por veinticuatro delegados (uno de ellos, Ángel Pestaña). Pero esa proclama no fue en un sentido bolchevique. Significó la oposición a cualquier régimen político que no aboliera el Estado y la propiedad privada, con el apoyo paralelo a cualquier régimen que socializara la tierra y los medios de producción. Había una necesidad de definir un modelo social en contextos más generales como el fracaso de la huelga general de agosto de 1917, la Revolución de Octubre de 1917, y el inicio del Trienio Bolchevista y del pistolerismo barcelonés. En concreto, la necesidad fue la de reafirmar el socialismo libertario frente a cualquier tipo de socialismo estatalista. Una necesidad tanto mayor cuanto que el mismo II congreso de la CNT decidió presentar la solicitud de ingreso del sindicato en la Internacional Comunista (en adelante, Komintern).

Pero el II congreso de la CNT solicitó el ingreso en la Komintern al tiempo que se declaraba “defensora de los principios de la Primera Internacional sostenidos por Bakunin”, en el entendimiento que los bolcheviques habían comenzado a socializar la tierra y los medios de producción en el antiguo Imperio Ruso. Y el congreso tomó la decisión con carácter provisional, a la espera que llegaran informes directos sobre la experiencia soviética y de que fuese convocado un “Congreso obrero universal” en el que fuese reconstituida “la verdadera Internacional de los Trabajadores”.

De hecho, una de las consecuencias de la Revolución de Octubre de 1917 fue la evolución del sindicalismo revolucionario en anarcosindicalismo. La posibilidad de establecer la dictadura del proletariado como un régimen político sindicalista permitió que hubiera militantes que transitasen del sindicalismo revolucionario al bolchevismo. Pero la afirmación hecha por los bolcheviques de que el sindicato como organización económica de la clase obrera era un mero instrumento del partido revolucionario del proletariado también resultó en que muchos sindicalistas revolucionarios desarrollaran el anarcosindicalismo. Que en España tuvo la base de la participación de los anarcocolectivistas y los anarcocomunistas en los sindicatos desde la década de 1880.

El anarcocolectivismo propuso el establecimiento de un régimen de propiedad colectivista en el que las cooperativas profesionales fueran las únicas propietarias de los medios de producción y de los productos. Las cooperativas habían de redistribuir los productos entre sus miembros, quienes a su vez habían de redistribuirlos entre sus propias familias como garantía del sustento de quienes no podían trabajar. En paralelo, el anarcocomunismo propuso la abolición de la propiedad privada e indisociablemente la del Estado, seguida de la reorganización de la sociedad en comunas. Estas últimas fueron definidas como comunidades de trabajo con un régimen de propiedad colectiva de todos los bienes, en las que a cada miembro le había de ser entregada una parte del producto aun cuando no fuera trabajador. Y tanto los anarcocolectivistas como los anarcomunistas españoles desarrollaron conjuntamente como la organización económica para realizar sus fines unos sindicatos apolíticos, municipales, libremente federados, y con la acción directa en vez del parlamentarismo como método.

En pocas palabras, los anarcocolectivistas y los anarcomunistas españoles llevaron a la práctica el sindicalismo revolucionario antes de la Carta de Amiens [HIPERTEXTO].

Tal y como fue formulado tras la Revolución de Octubre de 1917, el anarcosindicalismo fue la afirmación de que los sindicalistas revolucionarios no podían ser apoliticistas, sino que tenían que declarar su oposición a todos los partidos políticos. Y con el argumento de que el fin de cualquier partido político, incluso de los proclamados como socialistas y revolucionarios, era la asunción en vez de la destrucción del poder estatal. En consecuencia, los militantes anarquistas tenían que intervenir con sentido político en los sindicatos, pero no para dirigirlos, sino para influirlos.

Como resultado de la formulación del anarcosindicalismo, la Asociación Internacional de Trabajadores (en adelante, AIT) fue refundada en Berlín en 1922. Constituida en 1864 como la primera federación interestatal de organizaciones obreristas, la AIT quedó disuelta en 1872 por el faccionalismo entre los socialistas estatalistas y los libertarios. Al ser refundada, quedó redefinida como la federación internacionalista y anarcosindicalista de las federaciones sindicales revolucionarias. En el mismo año de 1922, y una vez que los informes directos sobre la experiencia soviética fueron recibidos con un dictamen negativo, la CNT pidió el ingreso en la AIT.

De nuevo, no fueron los “sindicalistas posibilistas movimientistas” quienes plantearon una alternativa dentro del socialismo libertario. En este caso, fueron los plataformistas.

El nombre del plataformismo derivó de un panfleto cuyo principal redactor fue el ucraniano Piotr Archinov. El panfleto fue publicado en 1926 con el nombre de Esbozo para una plataforma organizacional de la unión general de anarquistas. El título ya indicaba lo que era (tal y como hemos definido “plataforma política”): un documento que todos los miembros de una organización tenían que asumir en su totalidad, aunque no aceptaran algún punto específico de él.

A partir de las experiencias de los anarquistas rusos y ucranianos después de la Revolución de Octubre, y para luchar contra el control que los partidos comunistas pudieran alcanzar sobre futuros movimientos revolucionarios populares, el grupo de Archinov propuso un programa según el cual los militantes anarquistas tenían que asumir la dirección de las organizaciones obreras y campesinas para evitar que lo hicieran los comunistas, además de para extender la conciencia de clase entre los miembros de aquellas.

El grupo de Archinov también propuso en su programa que los militantes anarquistas estuvieran organizados en una federación de grupos con una táctica y una estrategia comunes: una organización específica anarquista. Tanto la táctica como la estrategia habían de ser establecidas en un programa acordado por el conjunto de la organización específica. Luego, los miembros de los grupos anarquistas constituyentes de la organización tenían que asumir el programa en su totalidad mientras ellos o sus grupos pertenecieran a ella, aunque no aceptaran algún apartado concreto.

El grupo de Archinov no hizo más que asumir las tesis de ¿Qué hacer?, el panfleto sobre la organización del partido del proletariado como un partido de vanguardia que Lenin publicó en 1901. Y no sin oxímoron, porque el grupo de Archinov lanzó la propuesta de un partido de vanguardia anarquista para hacer frente al modelo del partido de vanguardia bolchevique. Por esto los anarcosindicalistas caracterizaron a los plataformistas como “anarco-bolcheviques”, y no sin un matiz peyorativo.

Archinov era conocido en el movimiento anarquista español, igual que la existencia del folleto que publicó en el exilio el grupo de anarquistas rusos y ucranianos del que era miembro. Pero el contenido de la plataforma de Archinov no llegó a ser divulgado dentro del movimiento libertario español, en el que los anarcosindicalistas consiguieron rápidamente la hegemonía. Este fue el origen de la Federación Anarquista Ibérica (en adelante, FAI), que fue constituida en una reunión de representantes de las federaciones regionales de grupos anarquistas de España y Portugal celebrada en Valencia entre los días 25 y 26 de julio de 1927 (en cuyo orden del día estaba la discusión de la plataforma de Archinov, un punto que no llegó a ser acometido).

La FAI desarrolló el concepto anarcosindicalista de la influencia en los sindicatos hasta tal punto que había de llegar a ser el ejemplo práctico por excelencia de la organización anarquista de síntesis.

La organización anarquista de síntesis fue definida el francés Sébastien Faure y el exiliado ruso Volin (seudónimo de Vsevolod Eichenbaum) en respuesta a la plataforma de Archinov y también a partir de las experiencias de la guerra civil revolucionaria de 1917-1923 en Rusia. Fue una propuesta de unidad de acción de los militantes con respeto la pluralidad política e ideológica dentro del anarquismo.

Según Faure y Volin, una organización de síntesis era una federación de grupos anarquistas sin una estrategia común; en la que cada grupo tenía el objetivo inmediato que deseara con los medios que mejor considerara para lograrlo; y en la que todos los grupos federados compartían el objetivo último del establecimiento del comunismo libertario, con la acción directa sindical como el mejor medio para conseguirlo. Pero que hubiera un medio preferente para establecer el comunismo libertario no descartaba otros: la creación de cooperativas obreras y de ateneos; la lucha antimilitarista (ya propugnada por los sindicalistas revolucionarios y con entronque en España con el tradicional rechazo a las quintas); y el asociacionismo vegano, naturista, o esperantista.

Pero el comunismo libertario aún no estaba conceptualizado como un modelo concreto de sociedad cuando la CNT lo proclamó como su objetivo último en su congreso de 1919. En este momento, era una simple oposición al bolchevismo, es decir, al comunismo autoritario, sin más definiciones.

La definición de un modelo concreto de sociedad comunista libertaria fue un proceso que no culminó hasta la publicación por el médico anarquista Isaac Puente de un folleto cuyo apropiado título era El comunismo libertario en 1933. Puente concibió la sociedad comunista libertaria en su texto como una federación libre de sindicatos y colectividades agrarias, constituidos ambos en los nuevos gestores económicos. Los sindicatos, en los municipios urbanos y por las necesidades de la especialización industrial; las colectividades agrarias, en los municipios rurales.

En nuestra opinión, contraria al tópico historiográfico dominante, el IV Congreso de la CNT, celebrado en Zaragoza en mayo de 1936, no fue convocado entonces para establecer el modelo de la sociedad comunista libertaria. Sino para definir un programa de reunificación de las diversas tendencias del movimiento anarquista español en la organización clasista y revolucionaria de los trabajadores. Todas esas tendencias tenían ya como su objetivo político último el comunismo libertario, lo que posibilitaba que hubiera un consenso entre ellas.

Antes, la influencia de los grupos anarquistas de la FAI en los sindicatos de la CNT llevó a la llamada trabazón. José Peirats la definió como un pacto de enlace y colaboración entre la CNT y la FAI que los treintistas definieron como “dictadura faísta sobre la CNT” en la situación de “guerra” (terminología de Peirats) dentro de la federación sindical iniciada después de la instauración de la II República, el 14 de abril de 1931. Peirats, albañil, militante de la CNT desde 1922, fue uno de los fundadores de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (en dalente, FIJL) en 1932.

Peirats negó de manera enfática el dirigismo de la CNT por la FAI. Aunque reconoció que hubo militantes que sí pretendieron que fuera establecida esa “dictadura faísta sobre la CNT”, también afirmó que dicha pretensión nunca llegó a ser realizada porque la mayoría de los militantes de la FAI (en la lógica anarcosindicalista) antepusieron siempre el ser militantes de la CNT, y porque los militantes que la lanzaron no pertenecían a la FAI, pero la tenían idealizada y esperaban que agrupase a la oposición al treintismo en la lucha por la hegemonía política dentro de la CNT. Peirats dio los nombres de estos militantes: Buenaventura Durruti, Francisco Ascaso, Juan García Oliver, Felipe Aláiz, Eusebio Carbó, y Antonio García Birlán (Dyonisios). Mas Peirats no dejó de hacer una crítica a la FAI cuando afirmó que fue en propiedad una organización antes revolucionaria que anarquista, en la que falló la preparación ideológica de sus militantes.

En el mismo sentido que Peirats fueron ciertas afirmaciones de Juanel. Este era el alias de Juan Manuel Molina, secretario de la Federación de Grupos Anarquistas de Lengua Española en 1926, miembro del Comité de Defensa Anarquista Internacional entre 1928 y 1930, y secretario del Comité Peninsular de la FAI entre 1930 y 1932. Según Juanel, la FAI antes de la Guerra Civil fue sólo un símbolo: los militantes anarquistas españoles conocían su existencia y simpatizaban con ella, pero no pertenecían a ella.

Incluso un militante crítico con la FAI como José Borrás, miembro de las FIJL en 1936, reconoció que no hubo ningún dirigismo faísta sobre la CNT durante la II República. Borrás afirmó que el insurreccionalismo anarquista durante la II República fue promovido por la FAI de forma prematura porque en 1931 la CNT no agrupaba a toda la clase obrera y tampoco todos sus militantes tenían la preparación ideológica que una revolución requiere. Pero también afirmó que la FAI nunca intervino en la CNT en sentido descendente y “de forma autoritaria”, al contrario de los partidos políticos en sus organizaciones sindicales de referencia. Aparte, Borrás puso a los miembros de la FAI como un ejemplo militante en las acciones reivindicativas de la CNT durante la II República.

En verdad, la FAI fue en la práctica política sólo un organismo de coordinación propagandística y de enlace entre los diversos grupos anarquistas de España. En cada uno de ellos y con total independencia entre sí eran tomadas decisiones de común acuerdo entre sus miembros que las habían de llevar como propuestas a las asambleas de los sindicatos a los que pertenecían.

De hecho, en paralelo a la FAI hubo verdaderos grupos de influencia anarcosindicalista en la CNT que no estaban integrados en aquella orgánicamente, o que no tenían una existencia formal como tales grupos. Fue el caso de la redacción del diario Solidaridad Obrera de Barcelona (reabierto en agosto de 1930 después de siete años de suspensión gubernamental) y de la redacción del diario CNT de Madrid (fundado en abril de 1932).

 

Bibliografía comentada:

 

ANÓNIMO: “Testimonio de un fundador”, en El movimiento libertario español. Pasado, presente y futuro, París, 1974, 288-290 (suplemento de Cuadernos de Ruedo Ibérico), pp. 288-190 (sobre los orígenes de la FAI).

 

ARCHINOV, Piotr: “The Organizational Platform of the General Union of Anarchists”, disponible en https://www.nestormakhno.info/english/newplatform/org_plat.htm (última consulta el 13 de diciembre de 2023).

 

CALERO, Juan Pablo: “Vísperas de la revolución. El congreso de la CNT (1936)”, en Germinal. Revista de Estudios Libertarios, n º 7, abril de 2009, pp. 97-132.

 

FEDERACIÓN IBÉRICA DE LAS JUVENTUDES LIBERTARIAS: “Síntesis del acta de la Conferencia nacional celebrada en Valencia en los días 24 y 25 de julio de 1927”, en en El movimiento libertario español…, pp. 293-295 (reproduce el texto de Ruta, órgano de la FIJL, publicado en el mes de julio de 1937).

 

GRUPOS ANARQUISTAS DE CATALUÑA: “Extracto del acta del Pleno regional de la Federación regional de Grupos anarquistas de Cataluña, celebrado el día 20 de marzo de 1927”, en El movimiento libertario español…, pp. 291-292 (reproduce el texto de la revista Tiempos Nuevos, n º 88, París, 16 de junio de 1927, p. 3).

 

LENIN, Vladimir Ilich Ulianov: “What is to be done? Burning Questions of our Movement”, Moscú, 1961 (edición original rusa en 1902; disponible y anotada en https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1901/witbd/, última consulta el 13 de diciembre de 2023).

 

PEIRATS, Josep, La CNT en la revolución española, vol. I, París, 1971 (3 vols.; edición por Ruedo Ibérico, 1ª edición por la CNT en Toulouse, 1951-1953; el texto completo de la solicitud de delegados al II Congreso de la CNT para que la organización sindical declarase el comunismo libertario como su finalidad, en la p. 28. La resolución del mismo congreso por la que la CNT se adhería a la Komintern por el carácter revolucionario de la nueva organización, en ibid., p. 29. Peirats llegó a ser secretario general de la CNT en el exilio francés para colaborar luego con el grupo anarquista organizado en torno al periódico Frente Libertario. Hoy en día es conocido sobre todo por esta obra. Peirats escribió una autobiografñia justo antes de volver del exilio, publicada póstuma y abreviadamente: vid. Josep PEIRATS, De mi paso por la vida. Memorias, Barcelona, 2009. Para una crítica al prólogo de Enric Ucelay-Da Cal a las memorias de Peirats, vid. Freddy GÓMEZ: “Á propos d’un prologue. La deuxième mort de José Peirats”, en À contretemps, n° 38, septiembre de 2010, pp. 9-15. Puede consultarse en http://acontretemps.org/spip.php?article313; última consulta el 13 de diciembre de 2023).

 

PUENTE, Isaac, El comunismo libertario. Sus posibilidades de realización en España, Valencia, 1933.

 

VARIOS AUTORES: “Encuesta. Pasado, presente y futuro del movimiento libertario español”, en El movimiento libertario español…, pp. 147-245 (incluye las respuestas a una encuesta de José Borrás, pp. 163-166, Juan Manuel Molina Juanel, pp. 223-225, y Josep Peirats, pp. 231-245. De especial interés sobre la FAI son las afirmaciones de Borrás en las pp. 164-165. Miembro de la columna Durruti, exiliado tras la Guerra Civil, Borrás participó en la resistencia antifascista en Francia, y fue director de Ruta, secretario general de las FIJL, y miembro del Secretariado Intercontinental de la CNT. También son de interés las opiniones de Juanel en la p. 223. Según Juanel, sólo a partir del pleno peninsular de Regionales de la FAI de julio de 1937 se dio por finalizada la constitución de los grupos de afinidad anarquistas, estableciéndose una estructura geográfica de federaciones de distrito, locales, comarcales, provinciales, y regionales. Durante la Guerra Civil, Juanel, que había sido condenado y encarcelado por desertor cuando se negó a cumplir el servicio militar años antes, fue Subsecretario de Defensa de la Generalitat de Cataluña, comisario del X Cuerpo de Ejército, del XI Cuerpo de Ejército, y del Ejército del Este. Vuelto a España del exilio en 1946 como delegado permanente del exterior en el Comité Nacional de la CNT en España, fue detenido y condenado a 15 años de cárcel. Puesto 7 años después en libertad condicional, huyó a Francia. Destacamos también las respuestas de Peirats en las pp. 233, 235-237; en la p. 237, sus opiniones sobre la trabazón, en las que negaba de modo enfático el dirigismo de la CNT por la FAI durante la II República).

 

 

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