El maurismo: ¿un regeneracionismo de derechas?

José María Aznar en la presentación de la biografía de Miguel Maura y Gamazo publicada por la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales el día 1 de octubre de 2018. Foto de Javier Barbancho. Fuente: El Mundo.

Como regeneracionista definimos toda crítica política y social a la hegemonía de las derechas en España desde 1874 y durante el régimen de la Restauración borbónica (1875-1931) por considerar que había puesto el Estado al servicio de una oligarquía y desnaturalizado la representatividad liberal, con la exclusión política o la represión policíaco-militar del resto de los miembros de la sociedad española excepto los caciques; es decir, los agentes/clientes municipales de los oligarcas.

Según esa definición, consideramos que el maurismo fue un regeneracionismo de derechas.

El notable Antonio Maura se había integrado en el Partido Conservador junto con una facción escisionista del Partido Liberal en 1901. Nombrado presidente del consejo de ministros por primera vez entre 1907 y 1909, Maura pretendió llevar a la práctica un programa político incluso con un vocabulario propio del regeneracionismo. Ahora bien, la facción maurista del partido conservador no dudaba en marcar las distancias con los seguidores de Joaquín Costa, el regeneracionista arquetípico, de quienes afirmaban que pretendían establecer, sin más, una dictadura con su propuesta del “cirujano de hierro”, mientras que ellos aspiraban a la participación política de toda la ciudadanía.

Cabe apuntar aquí que el régimen fascista español intentó apropiarse de la figura de Joaquín Costa por su concepto del “cirujano de hierro”.

El regeneracionismo de derechas partía del rechazo al turno de partidos en nombre de la fidelidad a los principios políticos. Esto había de imposibilitar cualquier componenda justificada en la gobernabilidad. Y ya no solo con el liberalismo dinástico, sino también con las facciones del Partido Conservador que no fuesen regeneracionistas. Pero también partía de constatar que el turnismo había resultado en la práctica en reducir la política a la acción de camarillas cortesanas y en la militarización del orden público.

Los principios políticos que defendían los regeneracionistas de derechas eran, de entrada, el tradicional derechista de la identidad entre la nación española y la confesión católica. Y por haberse formado la primera en guerras de religión, desde la Reconquista a la Guerra de Independencia, pasando por la conquista de América y las guerras confesionales de los siglos XVI y XVII. Pero también el de la identidad concurrente entre la monarquía y la nación española (y a pesar de sus críticas a Cánovas del Castillo, el principal defensor de este segundo principio), al ser la primera el núcleo de la segunda por haberla creado. Por esto último, para el regeneracionismo de derechas, la nación se movilizó en 1808 con el objetivo de restaurar la monarquía, lo que dejaba al republicanismo como una forma de oposición a la Historia de España.

El principio político nacional-católico y el nacional-monárquico, que nunca fueron excluyentes el uno del otro, fueron armonizados por el regeneracionismo de derechas.

Por último, los regeneracionistas de derechas elevaron a principio político la realización de reformas sociales, que debían comenzar a ser efectuadas mediante un proceso de descentralización administrativa.

Originalmente, Maura definió la descentralización como el establecimiento de una administración civil basada en la autonomía de la administración económica municipal, pero no de la regional. Porque la autonomía regional sólo podía beneficiar a los caciques locales bajo el camuflaje del regionalismo, con una ruptura de la solidaridad política y económica nacional. Esto no impidió a los mauristas llamar a las derechas regionalistas para cooperar en la política nacional española.

Además, la descentralización no debía afectar nunca a cuatro funciones del Estado: la representación diplomática; el ejército; la Hacienda; y el poder judicial. Y tenía que estar siempre sometida al gobierno, a las Cortes, y a la monarquía (la Constitución de 1876 hizo el poder ejecutivo residente en el monarca y el poder legislativo compartido entre las Cortes y el monarca).

Maura insistía en que los alcaldes eran delegados del poder ejecutivo. Pero también en que la descentralización tenía que reconocer que, en tanto que designados en elecciones municipales, solo podían ser destituidos por el poder judicial. Además, Maura proponía que fuesen creadas corporaciones económicas y profesionales en cada municipio, con representación mediante “concejales natos” en el ayuntamiento junto a los concejales electos, con igualdad numérica entre las dos clases de concejales. Esos “concejales natos”, en donde no se constituyeran las corporaciones económicas y profesionales, debían ser sustituidos por los mayores contribuyentes. Maura afirmaba querer evitar así el faccionalismo en la política municipal.

La descentralización administrativa había de permitir al poder ejecutivo acabar con su dependencia de los caciques y con la “tiranía” que ejercían sobre las comunidades locales, extendida a toda la sociedad y al Estado: tras la reforma de los ayuntamientos, podía ser fácil reformar las Cortes, transformarlas en auténticas representantes electas de la nación, que no estuvieran “falseadas” por el caciquismo y el turnismo. Y una vez extinguido el caciquismo, había de ser posible realizar la “revolución desde arriba”, expresión de Maura por la que entendía reformas sociales ejecutadas por el Estado que, al crear un verdadero cuerpo de ciudadanos, desactivaran los programas de las fuerzas políticas revolucionarias, tanto el de los demorrepublicanos (que sólo podía aumentar la división partidista de la nación) como el de los socialistas libertarios o estatalistas (que inculcaban al proletariado un ideal expropiador y de destrucción de las demás clase sociales).

Las reformas sociales propuestas por el regeneracionismo de derechas incluían formar a los ciudadanos mediante la educación pública universal, en la que la base tenía que ser la religión, que daba una moral y un concepto finalista del hombre y del mundo. Ahora bien, aunque en el regeneracionismo de derechas los ciudadanos eran católicos, había también un rechazo explícito a la subordinación de la política a las disposiciones de la Iglesia, al impedir la autonomía de los mismos ciudadanos. De hecho, el regeneracionismo de derechas no solo integró el principio nacional-católico con el nacional-monárquico, sino que incluso pretendió integrar ambos también con el principio democrático.

«Pretendió»: la aceptación por los regeneracionistas de derechas del sufragio universal masculino y de las exigencias contra el falseamiento en las elecciones era con la limitación de la pluralidad política e ideológica según la defensa del interés nacional (sobreentendido que en la definición de los mismos regeneracionistas de derechas); con el reconocimiento de la autoridad suprema del Estado materializada en el poder ejecutivo en tanto que este representaba a la nación española frente a otros estados (con nuestro recordatorio de que en la Constitución de 1876 el poder ejecutivo residía en el monarca y era ejercido por los ministros designados por él); y con la institucionalización del nacional-catolicismo y del nacional-monarquismo. Todo ello, para evitar la “tiranía de la muchedumbre” que legitimaba tanto políticas antinacionales como la oposición a la autoridad estatal. No es exagerado calificar al régimen político propuesto por los regeneracionistas de derechas como de “democracia conservadora” frente a la democracia liberal. De hecho, el mismo término democracia conservadora, o el de democracia orgánica y conservadora, llegó a ser empleado por alguno de ellos.

Maura pretendía hacer de un partido de notables como el Conservador un partido populista y de unidad orgánica de las derechas, de acuerdo con su afirmación de que todo partido de notables era un mero sindicato de intereses sin ideología ni programa alguno. Para el político mallorquín, el Partido Conservador, si movilizaba a las masas católicas, podía ser capaz de sostener un Estado bajo el control político de las derechas frente a las ya mencionadas fuerzas políticas revolucionarias, contra las que no valía como legitimidad la designación de la corte para gobernar. En última instancia, el objetivo declarado de Maura era que dichas fuerzas políticas revolucionarias pudieran ser proscritas al quedar reducidas a un problema de orden público (esto es, despolitizado y desideologizado) en un rechazo explícito de la redefinición democrática del liberalismo y en el entendimiento de que la democracia no era la pluralidad política con representación institucional, sino la participación de la ciudadanía en la política con respeto a una jerarquía basada en el mérito.

En la lógica de la democracia conservadora, se aceptaba la existencia de un partido de unidad de las izquierdas, paralelo al partido de unidad de las derechas y con el fin de integrarlas en el régimen político. Pero siempre que las izquierdas aceptaran el interés nacional. El último, y como siempre, sobreentendido que tal y como lo definiesen los regeneracionistas de derechas.

Como los monárquicos conservadores durante la Restauración, los regeneracionistas de derechas estaban dispuestos a aceptar que la oposición política formara parte del sistema. Pero siempre que dicha oposición aceptase sus condiciones para integrarse en él y sin considerar ni siquiera contrapropuesta alguna. El regeneracionismo de derechas concebía a los partidos, en suma, como los instrumentos del poder ejecutivo para encuadrar a los ciudadanos. Así, los partidos debían ser receptores de las demandas ciudadanas a la vez que transmisores y administradores de las decisiones del poder ejecutivo que representaba y defendía la nación. Y los partidos que no encajasen con este modelo, ya fueran de notables o de masas, sólo podían gobernar mediante la tiranía, al buscar sólo realizar los intereses particulares de sus dirigentes, una oligarquía que sólo podían mantener el poder mediante la satisfacción de una clientela política.

Al fin, el regeneracionismo de derechas pretendía constituir un gobierno de Orden, pero no sólo por la fuerza, sino por el consentimiento de los gobernados, según el ejemplo del Segundo Reich. En última instancia, la propuesta política regeneracionista de derechas planteaba como objetivo que España saliera de su decadencia nacional. Para los regeneracionistas de derechas, en realidad, esta había sido una decadencia estatal iniciada con la llegada del oro americano y de las modas extranjerizantes durante la Edad Moderna, en una doble dependencia del Estado respecto al exterior paralela a su extrañamiento de la sociedad española. Y decadencia del Estado diferenciada del persistente vitalismo de la sociedad española, en un verdadero divorcio demostrado en mayo de 1808 y culminado en el desastre colonial de 1898. Terminar con la decadencia del Estado español era hacer que volviera a ser un sujeto político independiente entre los demás estados, lo que podía ser conseguido con un gobierno que realizase una política nacional y no una política de partido, incluso con un llamamiento a los reformistas de los dos partidos turnistas a su patriotismo y a la tolerancia a todas las opciones políticas que aceptasen el hecho que el interés de la nación española era supremo; un gobierno que fuera capaz de romper con el aislamiento internacional que había caracterizado la decadencia.

Pero el fin del aislamiento internacional exigía alianzas según criterios estratégicos y de relaciones históricas, siempre que el Estado español fuera un igual con sus aliados, los cuales no debían imponerle gastos militares excesivos. De ahí la apuesta del regeneracionismo de derechas por la conquista militar española del norte de Marruecos, como afirmación frente a la presencia francesa en el centro y el sur de Marruecos y a la británica en Gibraltar, y por razones estratégicas de control del Estrecho. Y de ahí también su defensa de la neutralidad española en la Gran Guerra, en tanto que si la germanofilia iba contra los intereses estratégicos y la historia, la aliadofilia había de llevar al Estado española a un conflicto para el que no solo su ejército español no estaba preparado, sino que había de exigirle enormes costes económicos y políticos antes de haber terminado la reforma nacional.

El énfasis de los regeneracionistas de derechas en la reforma política no excluía que pasaran por alto las cuestiones económicas. De hecho, la reforma económica nacional era la precondición de cualquier reforma política para ellos. Y consideraron el crecimiento económico español durante la Gran Guerra el contexto más favorable para realizar la reforma política.

Según el proyecto de reforma económica del regeneracionismo de derechas, un Estado fuerte podía imponerse a los intereses individuales y regular la economía nacional mediante la armonización de dichos intereses, en vez de permitir su libre enfrentamiento. Además, la economía debía ser nacionalizada, pero en el sentido de que la controlase el capital español y no el extranjero. Los regeneracionistas de derechas denunciaban la subordinación económica de España al exterior. Y ponían su causa inmediata en las relaciones entre los políticos españoles y los capitalistas extranjeros, así como en las especulaciones de los capitalistas españoles en el extranjero a la busca inmediata de beneficios. Pero, a la vez, afirmaban que su causa última era el escaso patriotismo de los políticos y los capitalistas españoles, en otra manifestación del divorcio entre la sociedad civil y el Estado. El capital extranjero podía invertir en España, pero con sometimiento al Estado español, que debía orientar la producción en beneficio nacional. Mientras, el capital español debía ser invertido en el desarrollo de industrias y de infraestructuras de comunicaciones, y también en obras hidráulicas, con plena aceptación del Estado como director económico a cambio de la asunción por este de la deuda y de bajadas de impuestos. Además, el Estado también debía crear un cuerpo de técnicos y de burócratas mediante una educación que no sólo tenía que ser universal y confesional, sino profesional.

Hasta donde sabemos, las derechas españolas fueron excepcionales en Europa por la tradición política moderantista, en tanto que esta fue el resultado de la unión política de los más moderados de los liberales con los más moderados de los tradicionalistas en la década de 1830. El regeneracionismo de derechas entroncó con ella por el nacional-catolicismo y el nacional-monarquismo. Y también por proponer una modernización política y económica alternativa a la demoliberal, a la demorrepublicana, y a las socialistas.  Y que apelaba a las clases medias (en tanto que enfrentado a un demorrepublicanismo y a unos socialismos que apelaban de un modo u otro a los trabajadores) así como al pueblo católico.

Mas cuando estuvo en el gobierno, la facción maurista del partido conservador no cumplió con ningún programa político regeneracionista, sino que funcionó como la dirigencia de un partido de notables (al fin y al cabo, el mismo Maura lo era). Y que, como tal, no dudó en recurrir al caciquismo. Escrito con otras palabras, al llegar al poder, la facción maurista antepuso el empleo del instrumento de gobierno del régimen político de la monarquía conservadora de la Restauración a cambiar dicho régimen.

Sin embargo, con el regeneracionismo derechista aparecieron una serie de conceptos asumidos por las derechas españolas: la unidad orgánica de todas ellas; la asociación no sólo entre nacionalidad y confesionalidad, sino entre nacionalidad y confesionalidad y monarquía; y el neocorporativismo (en el sentido de organizar la sociedad como un macroorganismo en el que cada clase o grupo cumple una función concreta).

A partir de 1920 el regeneracionismo de derechas había de entrar en una deriva fascistizante (en el sentido que Ramiro Ledesma Ramos daba al concepto, simpatía política por el fascismo y/o adopción de las formas o los métodos políticos del fascismo): antiparlamentarismo, énfasis en la primacía del poder ejecutivo, busca de la movilización callejera de la ciudadanía.  El apoyo a la conquista del norte de Marruecos llevó ya de antes a una sintonía entre los regeneracionistas de derechas y los militares africanistas. Dicha sintonía fue a más cuando en el mismo año de 1920 fue creada la Legión como una unidad de infantería de choque para las operaciones coloniales. Hasta tal punto, que el regeneracionismo de derechas fascistizado aspiró a hacer de la Legión su fuerza de choque a falta de una organización paramilitar propia. Su fuerza de choque, pero no su dirigencia política: en 1917 Maura no aceptó presidir un gobierno apoyado por los militares junteros por no aceptar ninguna subordinación a ningún poder más que la legalidad vigente.

Gabriel Maura, uno de los hijos de Antonio Maura además de Duque de Maura, aunque limitó su actividad política a continuar y reivindicar el programa propuesto por su padre, mientras que su hermano Miguel se pasaba a la derecha demorrepublicana, no dejaba de tener razón cuando puso por escrito en 1945 que su padre fue el primero en proponer el sufragio orgánico.

 

Bibliografía:

 

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GOICOECHEA, Antonio: “El maurismo y la democracia conservadora. Conferencia pronunciada en el Teatro de la Comedia el 27 de Marzo de 1914”, en Antonio GOICOECHEA, Hacia la democracia conservadora (artículos y discursos), Madrid, 1914, pp. 185-213.

 

  • El problema económico y financiero de España. Conferencias pronunciadas en los días 27 y 28 de Noviembre y 4 de Diciembre de 1916, como resumen del Curso de Conferencias organizado por el Centro de Estudios Económico-Administrativos, en el Círculo Maurista de esta Corte, Madrid, 1917 (Antonio Goicoechea era entonces presidente de la Juventud Maurista de Madrid).

 

GONZÁLEZ HERNÁNDEZ, María Jesús, Ciudadanía y acción. El conservadurismo maurista, 1907-1923, Madrid, 1990.

 

LACOMBA AVELLÁN, Juan Antonio: “La crisis militar de 1917: Maura y las juntas de defensa”, Saitabi. Revista de la Facultat de Geografia i Història, nº 15, 1965, pp. 73-101 (disponible en https://mobiroderic.uv.es/bitstream/handle/10550/26590/73-101.pdf?; última consulta el 8 de diciembre de 2023).

 

MAURA Y MONTANER, Antonio, Proyecto de ley y bases para la reforma de las de administración local presentado á [sic] las Cortes por el Excmo. Señor Don Antonio Maura, Madrid, 1903 (ed. oficial por el Ministerio de Gobernación, siendo ministro en ese momento el mismo Antonio Maura).

 

  • Discurso del Excmo. Sr. D. Antonio Maura y Montaner, Ministro de la Gobernación, pronunciado en el Senado el día 27 de mayo de 1903 al presentar el proyecto de ley de bases para reforma de la Administración local, Madrid, 1903.

 

  • Discurso pronunciado por Don Antonio Maura a los conservadores de Santander y Bilbao en Molinar de Carranza el 26 de junio de 1910, San Sebastián, 1910.

 

  • La educación cívica. Conferencia dada el 6 de marzo de 1913 por el Excmo. Señor D. Antonio Maura y Montaner en la Real Academia de Jurisprudencia a beneficio de la Sección de Protección al trabajo de la mujer perteneciente a la Unión de Damas Españolas, Madrid, 1913 (ed. por la Unión de Damas Españolas).

 

  • Importantísimos y trascendentales documentos parlamentarios. Discursos pronunciados por el Excelentísimo Señor D. Antonio Maura y Montaner el Congreso de los Diputados los días 5 y 18 de junio de 1914, Madrid, 1914.

 

  • Discurso pronunciado por el Excmo. Señor D. Antonio Maura Montaner en el Teatro Real de Madrid el día 21 de abril de 1915. Resúmen [sic] de las Conferencias organizadas por la Juventud Maurista de Madrid en el Hotel Ritz. Curso de 1914-1915, Oviedo, 1915 (ed. por la Agrupación Maurista Asturiana).

 

  • Discurso pronunciado por el Excelentísimo Señor D. Antonio Maura y Montaner en el Congreso de los Diputados, en la sesión del 30 de junio de 1916, interviniendo en el debate sobre la contestación al mensaje de la Corona y rectificaciones en la sesión del día siguiente, en que explicó lo ocurrido en la crisis de octubre de 1913, Madrid, 1916.

 

  • Por la Patria. Discurso pronunciado por Don Antonio Maura y Montaner en el Congreso de los Diputados el día 19 de noviembre de 1918, Madrid, 1918.

 

  • Trascendental discurso pronunciado por D. Antonio Maura en el Congreso de los Diputados, el día 10 de noviembre de 1921, exponiendo con clarísima precisión el pensamiento del gobierno en el importantísimo problema de Marruecos, Madrid, 1921 (2ª ed.).

 

  • Discurso pronunciado por el Excmo. Sr. D. Antonio Maura y Montaner el solemne acto de la inauguración del nuevo local del entro Instructivo Maurista del distrito de la Inclusa, verificado el día 2 de Enero de 1916, s. l., s. a. (panfleto; vid. Biblioteca Nacional de España, 3/105777).

 

  • España ni debe, ni quiere, ni puede ir a la guerra. Discurso de D. Antonio Maura Montaner. Pronunciado en la Plaza de Toros de Madrid el 29 de abril de 1917, México, s. a. (edición de un texto publicado en el diario El Debate revisado y ampliado por Antonio Maura).

 

MAURA Y GAMAZO, DUQUE DE MAURA, Gabriel: “El liberalismo doctrinario”, Revista de Estudios Políticos, nº 22-23, vol. XII, 1945, pp. 131-154.

RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, José Luis: “Una unidad militar en los orígenes del fascismo en España: la Legión”, Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, nº 5, 2006, pp. 219-240 (disponible en https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/5925/1/PYM_05_11.pdf; última consulta el 8 de diciembre de 2023).

 

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